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Ana Frank, era una pequeña judía de trece años, hija de unos comerciantes alemanes que, al iniciarse las persecuciones nazis, habían creído encontrar en Holanda su salvación. ¿Quién podía estar seguro de escapar? La invasión a Holanda en Julio de 1942 los puso otra vez a su alcance. Los Frank se encontraron en la alternativa de someterse a las disposiciones de la Gestapo sobre los judíos, o esconderse a todo ries-go. De los dos términos de esta alternativa, escogieron el segundo.
Ana Frank era bonita y lo sabía, sin conceder al hecho excesiva impor-tancia. Uno puede imaginársela por poco que haya conocido a alguna de esas muchachas judías apenas salida de la infancia, cuya inteligencia chispea con vivacidad que es poco frecuente en las pequeñas
"arias" de la misma edad: mordaz, decidida, sensible hasta el punto de ser impresionable, con muchos aspectos de mujer sin dejar de ser verdaderamente una niña. Es esto precisamente, esta mezcla de madurez y de frescor lo que da este libro su maravilloso encanto. Rara es la página en la que falta un detalle de un tino y una precisión psicológica singular, y seguidamente una expresión ingenua, una alusión, bastan para recordarnos que la pequeña escritora apenas a traspuesto los umbrales de la vida y, desde luego, su corazón permanecía todavía intacto a sus tristezas y a sus fealdades.
